Georg Lang
Georg Lang

La nueva serie alemana “Oktoberfest: cerveza y sangre” disponible en Netflix desde octubre, la serie relata la irrupción de Curt Prank, un ambicioso empresario cervecero que desembarca en Múnich desde Berlín para instalar una carpa para 6.000 personas y vender su producto, un objetivo que intentará lograr por las buenas o por las malas.

Pero aunque Prank es un personaje ficticio, tiene una inspiración muy real, se trata de Georg Lang, o “Cocodrilo Georg” como era apodado, un empresario que arribó a Munich cerca del año 1900 desde Nuremberg para poner en marcha su proyecto y revolucionar para siempre el festival cervecero, tal como se lo conoce en la actualidad y que se propagó a cada rincón del mundo donde instaló una colonia alemana, Córdoba en Argentina, Blumenau en Brasil, Malloco en Chile y también en Venezuela, Perú, El Salvador y México, entre otros.

Quién fue Georg Lang

A fines de 1890, Georg Lang ganó notoriedad en Nuremberg, su tierra natal como empresario. Pero en el amanecer del nuevo siglo quiso dar el salto para instalarse en el Oktoberfest de Múnich, un festival que se había iniciado en 1810 para celebrar las bodas de plata del rey Luis I de Baviera y la princesa Teresa.

Pero para un extranjero era imposible ganar un lugar en el festival, que hasta ese entonces se trataba de unos granjeros mostrando sus animales, niños jugando por el campo y un banquete con abundante cerveza.

Para poder adquirir una licencia en el campo de Theresienwiese (“prado de Teresa”) había que comprar un lote en una subasta en Múnich.

Esos lotes limitaban el tamaño de las cabañas que los propietarios podían instalar. Pero en 1895 las cosas comenzaron a cambiar cuando el gremio de tiradores de ballesta lograron conseguir un permiso para diseñar un “castillo de cerveza” más grande.

Kurt Prank en la serie de Netflix
Kurt Prank (Misel Maticevic) en la serie de Netflix

Las nuevas carpas eran más grandes y muy ambiciosas desde el punto de vista arquitectónico, sin embargo no estaban integradas al anillo central del festival y los lotes aún restringían el tamaño de los pubs centrales.

Hasta que Lang llegó con una gran carpa construida por un conocido de Nuremberg, les pagó a cinco posaderos locales para que fueran sus “testaferros”: obtenía la licencia a pesar de ser extranjero, tenía la posibilidad de instalar su carpa y para la ley quienes la administraban eran cinco dueños de lotes de Múnich.

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Rápidamente, Lang -con billetera gorda y sin pudor para ofrecer sobornos- se ganó a las autoridades municipales de Múnich, que a pesar de las obvias omisiones a las regulaciones vigentes por parte del flamante posadero le aprobaron la licencia para el Oktoberfest de 1898. Solo un magistrado votó en contra.

En su primera participación en el festival, Lang montó una carpa con capacidad para 6.000 personas, 20 veces más grande que los puestos de cerveza habituales. Pero no solo por sus dimensiones fue que la carpa de Lang se convirtió en la principal atracción del festival, sino que además ofrecía grandes conciertos gratuitos.

Desde las 10 de la mañana, en la carpa de Lang se podía ver una orquesta de 30 personas vestidas con típicos trajes alpinos y nadie debía pagar para poder disfrutar del show. El público se volcó masivamente a la tienda de Lang.

Además, distribuyó cancioneros con “las melodías más nuevas”, también de forma gratuita para atraer a los visitantes y que se animaran a cantar. Como las orquestas no tenían cantantes por la falta de micrófonos -además de beber cerveza- los clientes de Lang formaban un coro que alegraba y divertía a la gente. Una fiesta que cambió las reglas del juego en el Oktoberfest.

De la realidad a la ficción

“Oktoberfest: beer and blood”, tiene a Curt Prank como el empresario extranjero que llega a Múnich revolucionar el festival. Y está a dispuesto a todo para lograrlo.

El director de la serie, el finlandés Hannu Salonen, declaró:

El espectáculo está basado en un chico del norte de Alemania llamado Curt Prank, quien está basado en una persona real llamada Georg Lang, que viene al sur con el sueño de construir una enorme carpa para 6000 personas en el Oktoberfest.

Y añadió: “Es importante saber que hasta que él llegó, todo el festival consistió más o menos en un montón de cabañas de madera con algunos granjeros y niños divirtiéndose en un simple carrusel. Era prácticamente imposible que un forastero operara de manera empresarial en el Oktoberfest y no se permitía cerveza elaborada fuera de Múnich. Pero esta persona real, Georg Lang, logró llevarlo a cabo”.

“En nuestro programa, Georg Lang es Curt Prank, un forastero de Berlín, propietario de un burdel y posadero. Hasta su llegada, el Oktoberfest tenía más un sentimiento ceremonial que un festival real. Prank tiene la intención de cambiar todo esto y su visión es realmente reveladora”, agrega el director.

Salonen le agrega cualidades de Prank que provienen de Lang. Dice que es un animador y un maestro del espectáculo y que estableció la idea con la “big band” e incluso inventó la canción para beber más famosa del Oktoberfest en la actualidad.

“En comparación, las pequeñas cabañas de cerveza tenían principalmente a un chico solitario jugando en un pequeño escenario, en algunos casos junto con un pianista borracho, mientras que la gente se emborrachaba teniendo relaciones sexuales abiertamente. Las pobres camareras tuvieron que venderse como prostitutas ya que sus ganancias consistían únicamente en la propina que recibían. Ciertamente fue un mundo duro, que también retratamos en el programa”, cierra el director.

Y como este año el festival quedó suspendido por culpa de la pandemia, Salonen deja hecha la invitación: “Lo único que queda es ver nuestro programa”. Y beber cerveza.

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