En 1969, un chef montenegrino formado en Italia inventó en un hotel de Calgary un cóctel de vodka, clamato y especias que llevaría el nombre de un emperador romano. Casi seis décadas después, el César es la bebida más emblemática de Canadá y ha dejado una huella directa en la cultura cervecera del país.

La historia del César está inusualmente bien documentada para un cóctel. Walter Chell, director de restauración del Calgary Inn —hoy The Westin Calgary— pasó cerca de tres meses desarrollando la receta para el debut del restaurante Marcos en 1969. La inspiración llegó de la cocina italiana: las almejas de los spaghetti alle vongole dieron la base sápida que Chell combinó con jugo de tomate, vodka y especias, aplastando las almejas a mano para extraer su líquido salino.
El nombre surgió de forma espontánea en la barra. Un cliente británico probó el cóctel y lo declaró «a very good bloody Caesar», en homenaje evidente al Bloody Mary. El adjetivo quedó, y la coincidencia de que Chell fuera de ascendencia italiana cerró el círculo con la referencia al emperador romano. Ese mismo año, la empresa Duffy-Mott lanzó al mercado la mezcla enlatada de clamato que catapultaría la creación de Chell más allá de Calgary, en el mismo año en que el debate sobre el alcohol en América del Norte empezaba a calentarse —un dinamismo que el sector sigue viviendo, como muestran los recientes aranceles del 50% al alcohol canadiense que sacudieron el mercado en 2025.
En cinco años, el César era el cóctel más popular de Calgary. La CBC lo eligió decimotercer mejor invento canadiense en 2006, y una encuesta de Ipsos-Reid lo situó como el cóctel favorito del país en 2009. Calgary declaró oficialmente un César Day en el 40 aniversario de la bebida, y el Día Nacional del César se celebra hoy justo antes del fin de semana largo del Día de la Victoria, inaugurando de facto la temporada de terrazas en Canadá.
La conexión con la cultura cervecera es más directa de lo que parece. El Red Eye o Clam Eye es una variante de las praderas canadienses que simplemente sustituye el vodka por lager fría, convirtiéndose en el primo canadiense de la chelada mexicana de sal y limón. Esta versión lleva décadas en las barras de los pubs del oeste canadiense, muy por delante de la revolución artesanal que más tarde llevaría los perfiles salados y umami al lenguaje de la cerveza.
La influencia del César va más allá de una sola variante. La bebida acostumbró al paladar canadiense a los sabores sabrosos y con umami antes de que las gose saladas y las ales ácidas encontraran su público en el continente. Hoy, numerosas cervecerías de todo el país ofrecen brunch temáticos de César y elaboran versiones propias alrededor de sus propias lagers, con tomate y especias que tienen una deuda obvia con la receta de Chell. El César es punto de encuentro en una cultura que valora la identidad local: la bebida que todo bartender y maestro cervecero canadiense conoce de memoria.
Preguntas frecuentes
¿Quién inventó el cóctel César y cuándo?
Walter Chell, director de restauración del Calgary Inn (hoy The Westin Calgary), creó el César en 1969 para el debut del restaurante Marcos. Chell, de origen montenegrino y formación italiana, se inspiró en los spaghetti alle vongole para desarrollar la receta durante tres meses de trabajo.
¿Por qué se llama César?
Chell, de ascendencia italiana, bautizó el cóctel en honor al emperador romano Julio César. El apelativo «Bloody» lo añadió espontáneamente un cliente británico al probarlo en la barra, en referencia al Bloody Mary, y la combinación quedó como nombre definitivo de la bebida.
¿Cuál es la diferencia entre el César y el Bloody Mary?
El Bloody Mary se elabora con zumo de tomate puro, mientras que el César incorpora clamato, una mezcla de jugo de tomate y almeja que aporta un perfil salado y umami. Ambos llevan vodka y especias, pero el César tiene un carácter más sabroso y una textura más densa que lo distingue claramente.
¿Cómo influyó el César en la cultura cervecera canadiense?
El Red Eye o Clam Eye, variante que sustituye el vodka por lager fría, lleva décadas en los pubs de las praderas canadienses. El César también educó al paladar local hacia los sabores umami y salados antes de la era de las cervezas artesanales, y hoy muchas cervecerías canadienses ofrecen versiones propias de la bebida elaboradas con sus propias lagers.
Recomendamos
- Trump impone aranceles del 50% al alcohol canadiense: qué significa para la cerveza y el whisky
- Chelada de sal y limón: la versión simple de la michelada
- Las cerveceras de Sudáfrica alertan: la reforma fiscal podría encarecer la cerveza un 20%




