AB InBev Oficinas

Los nuevos gustos de los consumidores estadounidenses están poniendo en un apuro al gigante mundial de las cervezas.

El grupo belga Anheuser-Busch Inbev, propietario de las marcas Budweiser, Corona y Stella Artois entre otras, sufre este jueves un descalabro bursátil próximo al 10% -su mayor caída diaria en una década- tras presentar unos resultados que constatan las dificultades por las que atraviesa su negocio.

La compañía decepcionó todas las expectativas del mercado al anunciar unos ingresos durante los nueve primeros meses de 2018 de 40.369 millones de dólares (35.384 millones de euros), un 3,5% inferiores a los del mismo periodo del año anterior, y un descenso del beneficio del 11,7%, hasta los 5.219 millones de dólares (4.574 millones de euros).

“No podemos recordar un conjunto de cifras más decepcionantes de AB InBev”, señaló el analista de RBC James Edwardes Jones, en declaraciones recogidas por el Wall Street Journal.

Detrás de estas débiles cifras se encuentran diversos problemas, entre los que la situación del mercado estadounidense -donde genera más del 18% de sus volúmenes de ventas- resulta de las más preocupantes.

Los consumidores en la mayor economía del mundo están dando cada vez más la espalda a las cervezas tradicionales en favor de las cervezas artesanales, del vino y otros licores, lo que ha provocado en los últimos tiempos una constante pérdida de cuota de mercado de los productos principales de la compañía, Budwaiser y Bud Light, que no logra compensar el buen comportamiento de la cerveza Michelob Ultra, comercializada como ideal para deportistas por sus bajas calorías.

A la situación en Estados Unidos se suman, además, las debilidades en otros mercados clave para la cervecera de origen belga, como son Brasil o Sudáfrica, donde los niveles de consumo se han visto seriamente afectados en los últimos tiempos, en un entorno de caída de divisas que también perjudica al negocio del grupo.

En este contexto, el mercado empieza a mirar con inquietud la elevada deuda de la compañía -que en 2015 cerró la millonaria adquisición de SABMiller- y esta es una de las razones que han llevado al grupo a recortar el dividendo, para reducir sus niveles de apalancamiento.

“Por sí misma, la decisión es acertada, ya que si el negocio está por debajo de las expectativas, lo primero que debe hacer es deshacerse de la deuda lo antes posible; de ​​lo contrario, se convertirá en una piedra de molino al cuello”, apuntan en este sentido los analistas de Alphavalue.

Sin embargo, como observan en Sabadell, “aunque creemos que este anuncio es positivo, no es suficiente para compensar la negativa evolución operativa del trimestre y la previsible revisión en estimaciones”.

El descalabro de este jueves se suma al mal tono que viene arrastrando el grupo en los últimos años y que le ha llevado a perder casi la mitad de su valor desde noviembre de 2015 y se sitúa en sus niveles más bajos desde principios de 2013. Solo en el presente ejercicio, sus acciones acumulan un retroceso próximo al 30%, que resalta frente al 10 y el 3% que pierden, respectivamente, sus rivales Heineken y Carlsberg.

El grupo, durante mucho tiempo la mayor cotizada de la Eurozona, ha visto reducirse su valor actual al entorno de los 130.000 millones de euros.

 

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