El cambio climático reordena el mapa del vino en California: Napa y Sonoma retroceden mientras Monterey y Mendocino ganan terreno

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Un estudio de la Universidad de Tohoku (Japón) advierte que el calor extremo y los cambios en las precipitaciones reducirán la idoneidad vitícola de Napa y Sonoma en las próximas décadas, mientras regiones como Monterey y Mendocino ganarían protagonismo. Estados Unidos produce el 80% de su vino en California, y el sector ya está adaptando sus viñedos para sobrevivir.

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116 grados en Monterey: la imagen que lo cambió todo

Era el Día del Trabajo de 2017 cuando Steve McIntyre, viticultor y responsable de la empresa de gestión de viñedos Monterey Pacific, recibió una lectura de temperatura que no quería creer: 104 grados Fahrenheit (40 °C) a mediodía en su viñedo de las Santa Lucia Highlands. Se subió al coche, convencido de que el sensor estaba averiado. Recorrió veinte millas. Salió del vehículo. El termómetro no mentía. Antes de que terminara el día marcaría 116 °F (46,7 °C), la temperatura más alta desde que McIntyre plantó el viñedo en 1973.

«Fue como un golpe en el estómago», declaró. La comparación que usa para describir lo que ocurre con las vides en esas condiciones es igual de directa: «Lo comparo de verdad con un ser humano con un golpe de calor.» El calor extremo puede matar una vid por la misma mecánica que derriba a una persona: cuando la planta pierde agua más rápido de lo que puede reponerla, cierra sus estomas, frena la fotosíntesis y entra en una espiral de daños en cadena.

El mapa que dibuja Tohoku: Napa y Sonoma a la baja

Investigadores de la Universidad de Tohoku (Japón) publicaron este mes un análisis detallado de la viticultura californiana bajo distintos escenarios climáticos. El equipo cartografió el estado en una cuadrícula de aproximadamente 16 km² y cruzó cada celda con múltiples modelos climáticos para generar datos sobre condiciones actuales y futuras. Las variables que determinan la «idoneidad» incluyen precipitación anual total, temperatura acumulada durante la temporada de crecimiento, temperatura mínima del mes más frío y el déficit de presión de vapor, es decir, cuánta humedad falta en el aire para alcanzar la saturación.

El resultado es un mapa redibujado. Bajo su modelo, la idoneidad para el cultivo de vid podría reducirse en los próximos 70 años en Napa y Sonoma, los condados que hoy dominan el mercado de vino premium californiano. En contraste, Monterey y Mendocino verían aumentar significativamente su idoneidad, gracias a mayores precipitaciones esperadas, incrementos de temperatura relativamente menores y una reducción en los días con condiciones extremas de incendio. No es la primera advertencia del género: un estudio de Stanford publicado en 2011 ya proyectaba que la superficie apta para uva premium en la North Coast de California podría reducirse a la mitad antes de 2040. La superficie plantada de viñedo en California lleva encogiendo desde 2013.

«Al cambiar cuándo se recogen las uvas o cómo se gestionan en el campo, los productores pueden adaptarse al calentamiento global sin reemplazar sus cultivos por completo.»
— Yusuke Hiraga, Universidad de Tohoku

Las adaptaciones que ya están en marcha

El modelo de Tohoku no incorpora las adaptaciones que los viticultores ya están implementando, y eso importa. McIntyre salvó sus vides de Chardonnay y Pinot Noir en 2017 en parte porque el viñedo ya experimentaba con doseles de sombreado y pudo desplegarlos con rapidez. En otros puntos del estado, los productores instalan sistemas de nebulización, adoptan riegos de bajo consumo, replantean la orientación de las filas para evitar el sol de la tarde o prueban variedades de uva con mayor tolerancia al calor.

La investigación sobre cómo el clima afecta a la composición química del vino avanza en paralelo. Investigadores chinos han desarrollado modelos predictivos para anticipar cómo cambian los terpenos responsables del aroma según las condiciones ambientales, una herramienta que podría ayudar a los viticultores a tomar decisiones más precisas sobre cuándo y cómo cosechar. Yusuke Hiraga, profesor asistente de ingeniería en Tohoku y autor principal del estudio californiano, subraya que «estas técnicas de gestión flexibles deberían ser muy útiles para proteger la calidad del vino».

El sector también explora formatos alternativos de distribución para adaptarse a un mercado en transformación. Las bodegas llevan años explorando el vino en lata como respuesta a los cambios en los hábitos de consumo, un giro que encaja con la búsqueda de nuevas ocasiones de consumo en contextos donde la botella tradicional resulta menos práctica.

Preguntas frecuentes

¿Por qué el calor extremo amenaza los viñedos de California?

El calor extremo puede matar una vid cuando la planta pierde agua más rápido de lo que puede reponerla. Al intentar protegerse, cierra sus estomas, frena la fotosíntesis y entra en una cadena de daños que, sin intervención de emergencia, puede ser fatal. A esto se suman los incendios forestales, cuyo humo puede contaminar la uva con compuestos que alteran el sabor del vino.

¿Qué regiones de California ganarán idoneidad vitícola con el cambio climático?

Según el estudio de la Universidad de Tohoku, Monterey y Mendocino son los condados que más se beneficiarían de los cambios climáticos proyectados: mayores precipitaciones, incrementos de temperatura relativamente menores que en el interior y una reducción en los días con condiciones extremas de incendio aumentarían su idoneidad para la producción de uva de calidad.

¿Qué dice el estudio de la Universidad de Tohoku sobre Napa y Sonoma?

El modelo proyecta que la idoneidad para el cultivo de vid podría declinar en Napa y Sonoma a lo largo de los próximos 70 años, principalmente por el aumento de las temperaturas y los cambios en los patrones de precipitación. Sin embargo, el estudio no incorpora las adaptaciones agronómicas que los productores ya están aplicando, lo que significa que el escenario real podría ser menos severo.

¿Cómo se están adaptando los viticultores californianos al cambio climático?

Las principales adaptaciones incluyen el uso de doseles de sombreado para proteger las vides del calor extremo, sistemas de nebulización y riego de bajo consumo, la reorientación de las filas de viñedo para reducir la exposición al sol de la tarde, el ajuste del momento de la cosecha y la experimentación con variedades de uva más resistentes al calor. Estas medidas no eliminan el riesgo, pero pueden mantener la calidad de la producción durante las próximas décadas.

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