Investigadores israelíes han recreado un vino que no se producía en el desierto del Néguev desde la era bizantina, hace más de 1.500 años. La clave fue el análisis genético de semillas de uva halladas en Avdat, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que permitió identificar variedades extintas y volver a plantarlas usando métodos de cultivo extraídos del Mishnah y otros textos judíos antiguos. La primera cosecha, elaborada sin levaduras comerciales ni aditivos, superó todas las expectativas de los investigadores.

Las semillas que devolvieron la vida al viñedo
El proyecto fue liderado por la Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel en colaboración con la Universidad de Haifa. El punto de partida fue el análisis genético de semillas de uva recuperadas en las excavaciones arqueológicas de Avdat, antigua ciudad nabatea convertida en enclave bizantino en los primeros siglos de nuestra era. Ese análisis permitió identificar las variedades que se cultivaban en el lugar, tres de las cuales pudieron recuperarse para su plantación: la Dabouki, la Be’er y la Sraiki. Ninguna de ellas se había cultivado en la zona desde que el viñedo fue abandonado hace más de quince siglos. La similitud de este trabajo con la recuperación de registros de elaboración de bebidas en la Antigüedad no es solo temática: en ambos casos, la arqueología actúa como puente entre el conocimiento perdido y la producción contemporánea.
El viñedo patrimonial se estableció en el propio yacimiento de Avdat, a unos 200 metros sobre el nivel del mar en el corazón del desierto. Las vides se plantaron siguiendo métodos de cultivo reconstruidos a partir del Mishnah y otros textos de la literatura judía antigua que describen las prácticas agrícolas de la región. La vendimia se realizó a mano y los vinos se elaboraron sin levaduras comerciales, sin sulfuros ni sulfitos, siguiendo un proceso natural que busca aproximarse al carácter de los vinos que se producían en aquel entorno hace siglo y medio de milenio.
Una primera cosecha que sorprendió a sus propios creadores
Los investigadores reconocieron no saber con certeza cómo sabría un vino de la época bizantina y admitieron que los resultados podían no resultar atractivos para el paladar moderno. La realidad fue la contraria. El Dr. Lior Schweimer, de la Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel, describió la experiencia como una especie de milagro y señaló que las vides crecieron excepcionalmente bien a pesar de que nadie había cultivado en ese suelo durante más de 1.500 años. Uno de los enólogos que participó en la cata del primer vino elaborado pidió de inmediato cómo podía conseguir cientos de vides para trabajar con ellas, una reacción que refleja mejor que cualquier puntuación la calidad inesperada del resultado.
Los vinos experimentales fueron producidos por pequeñas bodegas del Néguev con la cosecha de 2025. Schweimer indicó que la variedad Be’er es la que parece acercarse más a lo que pudo ser el vino de Avdat en la época bizantina. La producción actual no puede recibir certificación kosher porque procede de vides jóvenes, pero los investigadores esperan ampliar el cultivo durante el próximo año a medida que el viñedo madure y los métodos de elaboración se afinen. Al igual que ocurre con la relación entre la agricultura y la producción de bebidas fermentadas en la prehistoria, este proyecto demuestra que el vínculo entre la tierra, las variedades locales y el producto final contiene información histórica que no se puede obtener solo con la arqueología material.
El vino del Néguev en la Antigüedad
El Néguev no es un escenario vinícola improvisado. Durante la época bizantina, entre los siglos IV y VII de nuestra era, esta región fue uno de los grandes centros exportadores de vino del Mediterráneo oriental. Los viñedos del desierto se sostenían gracias a un sistema hidráulico de terrazas y canales que aprovechaba las escasas lluvias invernales con una eficiencia notable. Las ánforas que transportaban vino del Néguev han aparecido en yacimientos de toda la cuenca mediterránea, lo que indica que el producto tenía prestigio y demanda más allá de su zona de producción. La ciudad de Avdat, en concreto, fue un nodo comercial importante en la Ruta del Incienso y su producción vinícola formaba parte de una economía agrícola sofisticada que desapareció con la invasión árabe del siglo VII.
Recuperar esas variedades no es solo un ejercicio de nostalgia arqueológica. Las variedades Dabouki, Be’er y Sraiki son genéticamente distintas de las cepas europeas que dominan la viticultura moderna y están adaptadas de forma natural a condiciones de calor extremo, suelo árido y escasez de agua. En un contexto de cambio climático en el que las regiones vinícolas tradicionales afrontan problemas crecientes de disponibilidad hídrica y temperaturas estivales extremas, las variedades del desierto pueden aportar material genético de gran valor para el futuro de la viticultura mediterránea.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el vino nabateo de Avdat?
Es un vino recreado a partir de variedades de uva identificadas genéticamente en semillas halladas en Avdat, antigua ciudad nabatea y bizantina del desierto del Néguev (Israel). Los investigadores de la Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel y la Universidad de Haifa plantaron las variedades extintas Dabouki, Be’er y Sraiki usando métodos agrícolas del Mishnah para aproximarse al vino que se producía en la zona hace 1.500 años.
¿Cómo se elaboró el vino de Avdat?
Las uvas se vendimiaron a mano y se elaboraron de forma natural, sin levaduras comerciales, sulfuros ni sulfitos. La producción fue realizada por pequeñas bodegas del Néguev con la cosecha de 2025. El proceso busca reproducir las condiciones de elaboración de la época bizantina, aunque los investigadores reconocen que no pueden saber con certeza cómo era el vino original.
¿Por qué el vino del Néguev era famoso en la Antigüedad?
Durante la época bizantina (siglos IV-VII), el Néguev fue uno de los principales centros exportadores de vino del Mediterráneo oriental. Sus viñedos se sostenían con sistemas hidráulicos de terrazas que aprovechaban las lluvias invernales. Las ánforas con vino del Néguev han aparecido en yacimientos de toda la cuenca mediterránea, lo que indica que el producto era apreciado y exportado a gran escala.
¿Qué variedades de uva se recuperaron en Avdat?
Los investigadores identificaron y replantaron tres variedades extintas: la Dabouki, la Be’er y la Sraiki. El análisis genético de semillas arqueológicas halladas en el yacimiento fue la clave para su identificación. La variedad Be’er es la que los investigadores consideran más próxima al vino que se elaboraba en Avdat durante la era bizantina.
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