El incendio que arrasó 50.000 hectáreas en Ávila la última semana de julio de 2026, el mayor de la historia de España, no destruyó solo monte. Afectó a viñedos, bodegas y, sobre todo, a las personas que habían construido su vida alrededor de ese paisaje. Tres viticultores —dos españoles y una española que trabajó en Napa Valley— cuentan lo que el fuego les dejó.

El fuego y la cosecha: el smoke taint que nadie ve llegar
Para un viticultor, el fuego tiene un efecto devastador que va más allá de lo visible. Puede arrasar viñas a su paso, debilitarlas durante varios años y destruir la cosecha aunque el incendio haya estado a kilómetros de distancia. Los compuestos volátiles formados en la combustión —guayacol, siringol, cresol— viajan con el humo y penetran en la uva. Una vez dentro de la baya, se unen a azúcares formando compuestos inodoros, invisibles en el análisis inmediato. Es durante la fermentación, por acción de las levaduras, cuando esos compuestos se liberan y vuelven a su forma odorante: el resultado son vinos con un fuerte carácter ahumado.
En el sector se conoce como smoke taint, así en inglés, porque es en Australia y California donde más se ha sufrido y donde más se ha estudiado. Laura Díaz vivió esa realidad de primera mano como directora técnica de Ehlers Estate en Napa Valley durante los incendios de 2017 y 2020: «Tengo un trauma desde entonces. El fuego destruyó casas, bodegas, viñas». Con uva afectada por el humo, la decisión habitual es no elaborar vino. «Se puede analizar el contenido de estas moléculas en la uva o hacer pequeñas microvinificaciones para conocer el grado de afectación. Nosotros hicimos todo tipo de pruebas pero no sacamos ningún vino al mercado», explica. «Aunque alguna pequeña bodega con menos medios económicos para aguantar sí los comercializó». Si el vino es resultado de un lugar y de un año, esos vinos llevan inscrita, literalmente a fuego, la memoria de lo que ese lugar vivió ese año.
Solastalgia: cuando el paisaje desaparece sin que tú te muevas
Quienes han vivido un incendio describen sentimientos muy parecidos a la solastalgia, un término acuñado por el filósofo australiano Glenn Albrecht. Hace referencia a la angustia o dolor psicológico que sufre una persona al presenciar la destrucción de su entorno natural. La diferencia con la nostalgia es clave: tanto el lugar como la persona siguen en el mismo sitio, pero lo que lo llenaba de sentido ha desaparecido.
Julián Palacios, viticultor e ingeniero agrónomo de San Martín de Unx, lo recuerda así: «Fue el 19 de junio de 2022, esa fecha no se me va a olvidar nunca». El incendio llegó a las puertas del pueblo sin cobrar víctimas, pero dejó una marca que el tiempo no borra del todo. «Hay noches en las que sueño con el sonido del incendio». Juanan Martín, viticultor y propietario de Rico Nuevo Viticultores en Burgohondo, Sierra de Gredos, describe el incendio de julio de 2026 como un trauma «como viticultor y como vecino». El fuego arrasó el paisaje donde se había criado: «El lugar que me enseñó a caminar, el que recorrí con mis abuelos descubriendo cada rincón, el que siempre creí eterno». Cuando se le pregunta por el impacto económico, responde con contención: «Es un palo más en la rueda para un negocio que ya es muy difícil de por sí». Lo que le duele de verdad no tiene precio. El debate entre expertos de la industria vinícola sobre el futuro del sector frente al cambio climático gana urgencia cada verano.
Hay noches en las que sueño con el sonido del incendio.
Julián Palacios, viticultor, San Martín de Unx (El País, 2026)
Después del fuego, la resurrección del paisaje
Los tres entrevistados coinciden en que el impacto emocional supera al económico, pero también comparten una misma actitud hacia el futuro: la tenacidad propia de quien lleva generaciones unido a un territorio. «Es un duelo que hay que pasar a medida que el paisaje se recompone», dice Julián Palacios con el sentido de pertenencia que marca a quien cultiva la tierra. El artículo, firmado por Tao Platón en El País, cierra con el Manifiesto del Granjero Loco del poeta y agricultor estadounidense Wendell Berry, una frase que los viticultores parecen llevar en el oficio sin haberla leído: «Espera el fin del mundo. Ríe. La risa no tiene medida. Sé alegre aunque hayas considerado todos los hechos. Practica la resurrección».
Preguntas frecuentes
¿Qué es el smoke taint en el vino?
Es la contaminación que sufre la uva cuando el humo de un incendio penetra en la baya. Los compuestos volátiles como el guayacol, siringol y cresol se unen a azúcares formando moléculas inodoras que se liberan durante la fermentación, dando al vino un marcado carácter ahumado no deseado.
¿Qué es la solastalgia y por qué afecta a los viticultores?
La solastalgia es el dolor psicológico que siente una persona cuando su entorno natural es destruido. A diferencia de la nostalgia, la persona no se ha desplazado: sigue en el mismo lugar, pero el paisaje que le daba identidad ha desaparecido. Los viticultores que pierden sus viñas en un incendio experimentan este duelo de forma especialmente intensa, al estar su historia personal unida al territorio que cultivan.
¿Se puede elaborar vino con uvas afectadas por el humo de un incendio?
Lo habitual es no comercializarlo. Las bodegas con medios analizan el contenido de moléculas de smoke taint en la uva y hacen microvinificaciones de prueba. Si el nivel de afectación es alto, la cosecha se descarta. Solo algunas bodegas pequeñas con menos capacidad económica para absorber la pérdida han llegado a comercializar estos vinos.
¿Cuántas hectáreas arrasó el incendio de Ávila de julio de 2026?
El incendio de la Sierra de Gredos, en Ávila, arrasó aproximadamente 50.000 hectáreas en la última semana de julio de 2026, convirtiéndose en el incendio más importante de la historia de España.
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