El vino sin alcohol deja de ser una curiosidad en Mendoza y comienza a ocupar un lugar real en las bodegas y en las góndolas argentinas. Adrián Toledo, enólogo y director de enología en Sottano, Colosso Wines y Sin Reglas, lo explica con precisión: «El vino sin alcohol no viene a reemplazar al vino tradicional, sino a ampliar las posibilidades».

Ampliar el mercado, no sustituir al vino tradicional
La posición que Toledo defiende es la misma que han adoptado las grandes bodegas europeas y australianas que llevan años trabajando en la categoría sin alcohol: no se trata de una alternativa para quien ya bebe vino, sino de un producto que incorpora al mercado a consumidores que hasta ahora quedaban fuera de él. Personas que no beben alcohol por razones de salud, embarazadas, conductores o practicantes de estilos de vida que restringen el consumo alcohólico encuentran en el vino sin alcohol una puerta de entrada a la experiencia vitivinícola sin las consecuencias del etanol.
Esta lógica de expansión es exactamente la que ha impulsado el crecimiento del segmento en mercados maduros. el movimiento sober curious en Europa ha crecido con fuerza en Europa, operando bajo el mismo principio: el consumidor no abandona el ritual social de la bebida sino que cambia el producto que lo vehicula. Mendoza, como capital vitivinícola de Argentina y uno de los grandes referentes del vino en el mundo hispanohablante, tiene una posición de partida favorable para desarrollar esta categoría con credibilidad.
El desafío técnico: el alcohol como estructura del vino
La principal dificultad del vino sin alcohol no es comercial sino técnica. El alcohol en el vino no es solo el compuesto que genera el efecto embriagador: es parte de la estructura del producto. Aporta volumen en boca, persistencia en el retrogusto y actúa como vector de aromas y sabores. Extraerlo sin alterar el perfil sensorial del vino es un problema de ingeniería enológica que las bodegas han abordado con distintas tecnologías: ósmosis inversa, evaporación por vacío y columnas de destilación con control de temperatura son las más habituales.
El avance tecnológico en este campo ha sido determinante para que la categoría deje de asociarse a productos de baja calidad. Las nuevas técnicas permiten conservar una parte significativa del perfil aromático original, lo que abre la posibilidad de elaborar vinos sin alcohol que respondan a estándares de calidad reconocibles para el consumidor habitual. la respuesta de la industria ante la demanda de menor graduación muestra que la industria de bebidas ya ha recorrido este camino con éxito en la categoría de cervezas.
El nuevo consumidor que impulsa la categoría en Argentina
Toledo identifica en el cambio generacional el motor principal del crecimiento: «Lo que cambió fue, principalmente, el consumidor. Hay una mayor conciencia sobre la salud». Las nuevas generaciones de consumidores argentinos muestran una relación con el alcohol diferente a la de generaciones anteriores, más marcada por la moderación deliberada que por la abstinencia total. Este perfil, que convive sin contradicción con el consumo ocasional, es el que hace crecer la categoría sin alcohol en todos los segmentos de bebidas, desde la cerveza al vino.
Mendoza tiene la ventaja de concentrar bodegas con capacidad técnica, acceso a variedades de calidad y una reputación internacional que facilita el posicionamiento del producto. Sottano, Colosso Wines y Sin Reglas son tres bodegas que ya han apostado por la categoría bajo la dirección de Toledo, señal de que el movimiento no es experimental sino estratégico. La demanda global de bebidas sin alcohol sigue expandiéndose y Argentina, con Mendoza al frente, tiene razones para no llegar tarde a esta conversación.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el vino sin alcohol?
El vino sin alcohol es un producto elaborado a partir de uva fermentada al que se le extrae el etanol mediante procesos tecnológicos como la ósmosis inversa, la evaporación por vacío o la destilación controlada. El objetivo es conservar el perfil aromático y sensorial del vino original mientras se elimina o reduce el contenido alcohólico a menos del 0,5% en volumen, umbral legal habitual para considerarlo sin alcohol.
¿Qué bodegas de Mendoza elaboran vino sin alcohol?
Entre las bodegas mendocinas que trabajan la categoría sin alcohol se encuentran Sottano, Colosso Wines y Sin Reglas, las tres bajo la dirección de enología de Adrián Toledo. Son parte de un movimiento que, según el propio enólogo, ya dejó de ser experimental para convertirse en una apuesta estratégica dentro del portafolio de las bodegas.
¿Por qué es técnicamente difícil hacer vino sin alcohol?
El alcohol cumple funciones estructurales en el vino más allá de su efecto embriagador: aporta volumen en boca, persistencia en el paladar y actúa como vehículo de aromas y sabores. Extraerlo sin alterar el perfil sensorial requiere tecnologías precisas de control de temperatura y presión para evitar que el calor desnaturalice los compuestos aromáticos. Los avances en ósmosis inversa y evaporación al vacío han mejorado significativamente la calidad del producto final en la última década.
¿Tiene futuro el vino sin alcohol en Argentina?
Según Adrián Toledo, enólogo director de Sottano, Colosso Wines y Sin Reglas, la categoría tiene recorrido en Argentina porque no compite con el vino tradicional sino que amplía el mercado. El crecimiento de la demanda global de bebidas sin alcohol, impulsado por consumidores más jóvenes con mayor conciencia sobre la salud, apunta a que el vino sin alcohol pasará de rareza a categoría establecida en el mercado argentino en los próximos años.
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